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Resumen/abstractos: El siguiente ensayo pretende analizar la representación del espacio en Salón de Belleza [Beauty Salon, 1994]. En la novela de Mario Bellatin están presentes dos espacios separados pero, debido a la figura del narrador, entrelazados al mismo tiempo: un espacio que se divide en dos, dos espacios que hacen uno. Esta estructura giratoria se mantiene a lo largo de la narración, complementada con tres motivos recurrentes: la presencia de acuarios, la presencia de cuerpos encerrados y las reglas prefijadas para quienes pueden entrar en este microcosmos cerrado. Como resultado, la continua metamorfosis del espacio no se limita a la transformación del salón de belleza en un moridero, sino que se complementa con los aspectos mencionados, creando un mundo regulado por sus propias normas.

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Las frases sombrías y rápidas de Salón de belleza, del escritor mexicano Mario Bellatín, confieren a esta novela de escasa extensión una hiperinmediatez sin aire y un impulso terrible e imparable. Cuando una misteriosa e incurable enfermedad devasta una ciudad sin nombre, un solitario peluquero travestido se encuentra en la improbable posición de cuidador. Cambiando sus sillas de barbero y secadores de pelo por catres y una cocina de queroseno, el narrador sin nombre convierte su salón en la Terminal, un refugio donde los jóvenes rechazados y afligidos se reúnen para pasar sus últimos días.

El salón de belleza convertido en lazareto sirve hábilmente de vanitas arquitectónica, uniendo embellecimiento y decadencia bajo el mismo techo. Bellatín pone al descubierto la capacidad de la enfermedad para devastar el cuerpo y despojar al individuo de su identidad: «Puede que no me crean, pero casi nunca puedo identificar a los huéspedes. Ha llegado un momento en que todos son iguales para mí. Al principio llegaba a conocerlos, incluso me acercaba a algunos de ellos en alguna ocasión. Ahora, sin embargo, no son para mí más que cuerpos a punto de desaparecer».

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Un cuento extremadamente delgado y triste de Bellatín narra las reflexiones de un hombre gay sobre el ocaso de los excesos sexuales y el espectro de la muerte provocada por el SIDA, aunque aquí el SIDA es una plaga misteriosa y sin nombre. El narrador, que antes era estilista en un salón de belleza de una ciudad sin nombre, ha transformado el salón en la Terminal, «donde termina sus días la gente que no tiene dónde morir». La Terminal se ha convertido en una especie de hospicio para gays moribundos, los secadores de pelo y los sillones se han vendido para comprar catres y una cocina, los espejos se han retirado para no «multiplicar el sufrimiento». El director mantiene peces exóticos en acuarios, que observa con agudeza como una alegoría de lo que ocurre en el mundo en general: cuando los síntomas de la enfermedad se hacen patentes en su propio cuerpo, se da cuenta de que en los peces ángeles crece un hongo que infecta fatalmente a los demás. El brutal razonamiento del narrador convierte el relato de Bellatín en una inquebrantable alegoría sobre la muerte. (Agosto)

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La estremecedora alegoría de la peste de Mario Bellatin que lo llevó a su estatus de culto como autor de la visión literaria más singular de América Latina, en una flamante traducción del poeta y traductor Shook.

En una gran ciudad sin nombre, una extraña enfermedad altamente infecciosa comienza a extenderse, afligiendo a sus víctimas con un insoportable descenso hacia la muerte, particularmente implacable en su asalto a aquellos en los márgenes de la sociedad. Rechazados por sus seres queridos y negados a recibir tratamiento en los hospitales, los enfermos son abandonados a su suerte en las calles hasta que el propietario de un salón de belleza, cuya experiencia previa en el cuidado de enfermos se limitaba a las peceras exóticas repartidas entre sus puestos de trabajo, abre sus puertas como refugio. En el destartalado Tanatorio, víctima de la persecución y la violencia, acompaña a sus huéspedes masculinos mientras sufren la anticipación sin vida de una muerte segura, dejando finalmente al nostálgico narrador en un completo y malogrado aislamiento.

«Lo que [el narrador] ha dado a [sus pacientes], y Bellatin a nosotros, es un modelo para morir, y para vivir; para tratar el cuerpo abyecto con honestidad y respeto, a pesar de su diferencia y decadencia -quizá por ello-» -Maggie Riggs, Palabras sin fronteras

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